sábado, 27 de febrero de 2010

Cuenta la historia...mate de antaño, marquitas en el umbral. La madera oscura y cálida, ambos casos. Los vidrios amarillos en la puerta, una trenzita de macramé en el mate. Que lindo el invierno, nos acurrucamos todos.
Hay dos huequitos de erosión en frente al horno. Gracias por encontrar las palabras justas; cuando sea grande, ¿puedo ser como vos?
La casa esta viva, escuchémosla. El diálogo es eterno, pero esto es importante: habla de distintos tipos de ausencias y presencias...La casa vive, saludémosla (buen día casa). El té en hebras en la mañana, tazita del barrio chino. ¿Mis tostadas? Con queso y mermelada por favor. Ay ese umbral, se había vuelto invisible, pero supo cuando revelarse. ¡Ay, la radio! Buen día también a vos, Magdalena. Tantas vueltas con la radio, que vanas se ven esas discusiones ahora...Si ese mate hablara...
Quenas, zampoñas, tamborcitos, maracas; el living me canta en el recuerdo. ¿A dónde fueron a parar? La cocina trata de abrazarme, pero hace mucho que no le devuelvo el gesto. ¿A dónde fue a parar todo? Los gestos, las manos, los ceños fruncidos, las caricias. Un año...¿Un año? ¿Qué quiere decir eso?
Podrías gritarme y hasta cachetearme casa, ¡pero no te escucho! No soy necia, estoy lastimada. Y no solo yo, el mate también esta rajado.
Quiero llegar al cielo pero no encuentro mi tiza. ¿Dónde esta mi inocencia?