Te movés con tanta prisa que todo te resulta estático, porque a esta velocidad no alcanzas a distinguir el movimiento. Si solo te detuvieras un segundo, un segundo basta para contemplar un estornudo, una mano que toma la otra, los musculos que se contraer para esbozar una mueca, un papel caer al suelo, una mirada de complicidad, el movimiento de las copas de los árboles cuando hay viento, las luces que se prenden, que se apagan, las marcas de las gotas de lluvia en los charcos, el origen, el trayecto y la desembocadura de una lágrima. Tantas, tantísimas cosas verías si tan solo te detuvieras un segundo. Cambiaría tu concepción del mundo como si fuera una fotografía, que aunque sea una imitación muy asemejada, queda en la periferia de lo autentico. No estarías tan aislado si te sentaras a aceptar la realidad.
Pulir las cosas.
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