No me pidas que me siente a ver pasar las estaciones. Es otoño, 16 abriles y ni una certeza. Esta maldita luz se apaga cada vez que tu ironía se prende. No es justo que tu acto corra libre e impune, mientras rodeada de estas cuatro paredes se desangra mi sabia. No es justo llamar esencia a algo tan inestable como pueden ser tus historias exageradas de superhéroe, de cruzar un océano en estilo crol, de luchar contra piratas y recuperar tesoros perdidos y un sinfín de caminatas por la Avenida del Libertador. Es entonces cuando deseo que fueras tan ficticio como intentas mostrarte, pero hay cosas en tu mirada que no podes esconder. Es un sentir irracional el que esta me provoca, sin fundamentos, tan genuino, y me satura caer una y otra vez en el juego del lobo en el bosque. El lobo que bien se esconde, pero que nunca deja los árboles.
No es sin razón esa necesidad vana de alterar la realidad, pero permitíme decirte que te aleja. ¿Y que hago yo, aca sentada escribiendo esto? Será que yo tampoco soy tan indiferente como tiendo a mostrarme.
No es sin razón esa necesidad vana de alterar la realidad, pero permitíme decirte que te aleja. ¿Y que hago yo, aca sentada escribiendo esto? Será que yo tampoco soy tan indiferente como tiendo a mostrarme.
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